A 20 años de la muerte de Favaloro.-

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El 29 de julio de 2000, a los 77 años, el cardiólogo argentino se quitó la vida atormentado por la situación económica de su fundación. 

«Hasta siempre». Fue la última frase que escribió de puño y letra René Favaloro en la breve nota que adhirió al espejo del baño con indicaciones precisas sobre qué hacer después de que su cuerpo, ya sin vida, fuera encontrado con su corazón perforado por un disparo certero.

Con la misma meticulosidad que exigía en un quirófano y que lo había guiado en la vida y la profesión Favaloro preparó la escena de su muerte. Cuando se quedó solo en el departamento cerró la puerta de servicio y dejó la llave puesta. Era el único acceso por donde podían ingresar personas de su confianza. Se afeitó, se duchó, se puso el pijama y escribió una última carta que, junto a otras misivas y documentos acomodó prolijamente sobre la mesa del comedor. Ya en el baño cerró la puerta y se paró delante del espejo.

El cardiocirujano que en 1967 saltó a la fama al sistematizar el procedimiento del bypass con el que en los quirófanos de todo el mundo se han salvado millones de vidas, quiso verse en esos últimos instantes vitales. Apoyó el revólver sobre el corazón y disparó.

Aquella tragedia, de la que este miércoles se cumplen dos décadas, sigue generando entre los argentinos perplejidad, asombro e interrogantes. Las cartas que el prestigioso cardiocirujano dejó a sus allegados explicando los motivos que lo empujaban a quitarse la vida no alcanzaron para calmar esa persistente y perturbadora inquietud que aún hoy provoca aquella decisión. Pese el tiempo transcurrido, muchos se siguen preguntando por qué se mató realmente.

Favaloro se suicidó en las primeras horas de la tarde del sábado 29 de julio de 2000. Entonces, tenía 77 años y fecha para casarse el mes siguiente con una mujer a la que le llevaba 45 años. Entonces, la Fundación Favaloro para la Docencia e Investigación Médica, atravesaba una delicadísima crisis financiera que había terminado por mellar su autoridad dentro de la institución y obligado a instrumentar un plan de ajuste que implicaba reorientar drásticamente el esquema financiero del centro de salud y que le reservaba a él, su mentor, un rol honorario alejado de las decisiones.

Repasar su vida implica reflexionar sobre dimensión de lo que realmente significó su pérdida, valorar su legado y reconocer al hombre detrás del bronce. Ese recorrido permite asomarse, también, al funcionamiento del sistema de salud argentino y sus claroscuros, y observar a este médico extraordinario internarse en los senderos muchas veces escabrosos de la política argentina. Un derrotero complejo y quijotesco pero también, por momentos, contradictorio, que acabó por teñir el sino trágico de su final.

Fuente: El Litoral (www.ellitoral.com)

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