“Bandidos rurales”: la nota publicada en Clarín que narró detalles del asalto tipo comando a la familia Cardenas en la estancia «La Lucila» de Saladillo.-

0
1248

La nota de María Laura Avignolo en el Diario Clarín tras el ataque comando a la familia Cardenas en la Estancia «La Lucila», Partido de Saladillo. luego del cual los ladrones huyeron en un auto de las víctimas sin poder ser capturados. La policía sostiene que es la misma banda que cometió al menos otros 7 robos en campos a la vera de la ruta 205. Este nuevo hecho expuso entre otras cosas las diferencias y falencias entre la forma de acción y estructura de la Patrulla Rural y la falta de adecuada coordinación la Policía Distrital-

Los Cárdenas se habían reencontrado en la casa grande el sábado a la noche para saludarse y despedirse, en el campo de la familia, a pocos kilómetros de Saladillo, sobre la ruta 91 y cerca de la RN 205. Unos salían de la cuarentena tras haber llegado desde Paris, los más jóvenes se iban de vacaciones, los tíos los despedían. A las diez de la noche, cada uno se fue a su casa, en la estancia La Lucila, donde padres, hijos, hermanos viven diseminados en varios kilómetros a la redonda.

Silvestre decidió ir a visitar a su hermano en la moto. Su mujer amamantaba a la bebita y la otra chiquita jugaba en sus pies, cuando se escuchó la puerta. Ella creía que era Silvestre regresando. En su lugar entró la banda.

Fuertemente armados con ametralladoras y pistolas, vestidos de negro, con la cara cubierta con máscaras. «Esto es un asalto. No se muevan. Dennos todo”, le dijeron a la aterrorizada mamá. La bebita lloraba. Revolvieron toda la casa, hasta que llegó Silvestre. Lo tomaron de rehén. Una culatazo le rompió la cabeza. Se llevaron su dinero para las vacaciones del día siguiente, su computadora, el auto nuevo, las tarjetas de crédito, los documentos. Le ataron las manos pero no las piernas. Después de desvalijar su casa, se subieron en su nuevo auto Honda y partieron a la casa de invitados. Siguieron robando. La desvalijaron.

Un petiso, un poco gordo, parecía el jefe. Otro hablaba con un acento colombiano y los demás parecían de los suburbios de Buenos Aires. Al menos el petiso era quien daba las órdenes. Los “obreros” de la banda agarraron una maza y comenzaron a golpear el vidrio blindado de la mansión principal. Ricardo, el dueño de casa, se estaba bañando cuando oyó los golpes. Escuchó que el vidrio se desplomaba con toda la fuerza contra un sillón.

”Ladrones», se dijo. Agarró los dos revólveres que había en la casa y comenzó a disparar al aire mientras llamaba a la policía. Ignoraba que su hijo estaba de rehén y las balas le silbaban. Britos, el encargado, dormía el sueño de los ángeles en su cuarto del galpón y soñó con fuegos artificiales. No sabía que lo que escuchaba eran disparos reales.

Los ladrones no consiguieron entrar a la casa grande de los Cárdenas. La policía estaba llegando y disparando, en plena noche. “Rajemos, se pudrió todo”, le gritó uno al que vigilaba a la mujer atada y a la bebita. Se subieron al auto Honda con Silvestre de rehén. El que lo llevaba lo tiró en el camino. Silvestre, atado, corrió hacia una zanja, de donde regresó caminando. Un segundo auto de los ladrones también partió pero habría un tercero en la tranquera, que los asaltantes atravesaron arrancando el poste de quebracho y se cayó.

Por la ruta 205 el convoy de los asaltantes volaba. La radio policial de Saladillo ya anunciaba a sus vecinos de Roque Pérez, Lobos y Cañuelas un “robo calificado”, en zona rural de Saladillo, con 5 “masculinos”, “que sustraen dinero en efectivo, un auto Honda Accord gris oscuro IJB682“ y piden “operativo cerrojo”. Lo hacen en la ruta 30 y la 205. Los policías de Roque Pérez se enfrentan a tiros contra los ladrones.

El Honda escapa al retén por la banquina contraria, rumbo a la rotonda de Roque Pérez. Segundo “operativo cerrojo” con un camión, que también logra sortear la banda. Dirección Lobos pero siendo seguida a alta velocidad por policías de esa ciudad.

El Honda hace un trompo en el kilometro 127 de la ruta 205, queda incrustado en la banquina, entre los pastos, y los asaltantes huyen a pie. En el asiento trasero quedó una computadora notebook que robaron a Silvestre , un arma, proyectiles. Uno de los asaltantes está herido aparentemente. En el asiento quedaron grandes manchas de sangre que estan siendo analizadas. Hasta ahora no los encuentran. Nadie sabe aún si fueron recogidos por otro auto. En la ruta 205 hay escasa señal de celular para comunicarse telefónicamente.

Así regresan y operan “los bandidos de las estancias” a la provincia de Buenos Aires. El jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, el jefe de la policía sección rural están a cargo de la supervisión de la investigación. Otro grupo de comisarios e inspectores están en el terreno.

Dos son las pistas posibles

Una es la posibilidad de la acción de un grupo residual de una gran banda, cuyos miembros fueron detenidos por la brigada de Mercedes y dos de ellos liberados la semana pasada. Ellos podrían haberse reorganizado para llevar adelante el octavo asalto a una estancia en la misma zona. Antes actuaron en estancias de 25 de Mayo, General Alvear, Hale, todos en el área. En una de las acciones le robaron las dos pistolas 9 mm al comisario del lugar.

La otra posibilidad es la de un entregador, que informó el lugar de la estancia, la existencia de dinero y gente. Un “ladrón local”, con nexos con el hampa.

“¿Y no serán policías o militares?”, pregunta Clarín. ”No. Los vigilantes y los milicos son fáciles de encontrar. Cometen errores. Con los delincuentes profesionales es más dificil. Están bien preparados, se organizan”, afirma una fuente policial. ”Sí, había fierros. Pero es fácil ahora conseguir fierros. Hay en las estancias, en todas partes”.


Roberto y Silvestre pasaron la madrugada en la comisaria de Saladillo declarando. No pueden olvidar una noche de horror, ni los puntos en la cabeza, ni la camisa manchada de sangre.

“Fue un milagro”, dicen las piadosas señoras de la familia. Los especialistas en balística de la policía recorren metro a metro la estancia, casa por casa, los caminos, buscando evidencias y balas, que llegan hasta la tranquera. Desfilan los comisarios, «que tienen uniformes de Napoleón”, según la descripción de las señoras, aliviadas, bajo un calor agobiante.

La casa se llenó de amigos, de familia, de vecinos solidarios, de ofertas generosas, de manos extendidas. Los Cárdenas no están solos, a pesar de todo.

Nota publicada en Clarín el martes 26 de enero de 2021.-

Foto de portada: RoquePerezhoy.com


Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.