Covid-19 en Saladillo: incredulidad, irresponsabilidad y descontrol, el combo que hoy pone en jaque a la sociedad saladillense.-

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Nota editorial. Covid-19 en Saladillo: incredulidad, irresponsabilidad, anomia y descontrol, el combo que hoy pone en jaque a la sociedad saladillense.-

Un viernes dramático para Saladillo fue este 11 de septiembre en que se produjo el tercer fallecimiento con COVID-19; se dieron a conocer 52 casos positivos confirmados que totalizan 107 casos activos. Mientras, restan los resultados que aún no fueron notificados a los pacientes los cuales se espera sean públicos este sábado. En total sumarían cerca de 70 resultados positivos en un día.

Nuestra función como medio de comunicación nos pone en contacto directo con las inquietudes, reclamos y testimonios de los vecinos, a diario y en forma constante. Con el sustento de esos hechos emitimos nuestras consideraciones para mostrar de forma verosímil lo que sucede.

En este sentido, a diferencia de lo que ocurrió los primeros con el comienzo de la pandemia, los últimos meses nuestros lectores, seguidores, oyentes, vecinos en forma telefónica o personal manifestaron de manera recurrente la falta de credibilidad en lo que sucedía en contexto de la pandemia decretada por covid-19.

La necesidad de encontrar una respuesta a las economías devastadas; falta de controles con criterios en equidad en las condiciones; los pocos casos reportados en el interior de la provincia de Buenos Aires, en particular en Saladillo, dieron rienda suelta a que nada pasaría ya. Dieron vía libre para la relajación.

Y no es porque el principal conflicto de intereses sea cuestión de un dilema entre la economía y la salud. El dilema, entiendo, se presenta entre el circo de algunos que tiene varias certezas y seguridades detrás de un escritorio y el riesgo real que representa este virus que vino a plantearnos profundas cuestiones, sociológicas y filosóficas, mal que le cueste aceptar a más de un político con una corta visión pragmática y equivocada.-

Conferencias de prensa en las que nos se cumple el protocolo; funcionarios que marchan de un lado a otro de la provincia y del país con su séquito de asesores, fotógrafos, evidenciando que resultan inmunes, no aportan en el sentido de la responsabilidad que le exigen y que hoy pretenden de los ciudadanos rasos.

Marchas multitudinarias en contra de la Reforma del Fuero Federal de la Justicia, o la reciente y sorpresiva movilización de la policía bonaerense incluso parecen relativizar la alta contagiosidad del virus. Que no se malentienda, no es que no deba plantearse que funcione la justicia con justeza, en la capacidad, mérito o conveniencia de quienes la imparten y sus auxiliares, las fuerzas de seguridad, ni en la dignidad de los salarios sus salarios, ese es otro gran debate pendiente.

Ordenanzas sancionadas para meter miedo, cuando todo aquel que ha hecho un mínimo cursito de un par de horas de técnica legislativa no ha visto que el miedo sea sinónimo de efectividad ni elemento constitutivo del espíritu de las normas, y mucho menos que reemplace la claridad en redacción e interpretación de la jerarquía de normas. Porque como lo hemos dicho antes, una norma que no se cumple no atemoriza a nadie, más bien es causa de burla la jactancia de no cumplirla.

Descontrol porque no una, sino muchas veces las personas no respetan distanciamiento social, ni usan barbijo; la pistola que controla la fiebre en los accesos marca 31º, no una sino muchas veces; los vecinos avisan a la policía que hay una fiesta privada y no los atienden, se le burlan o mandan un móvil y cuando llega al lugar les dicen a las personas que se vayan a su casa, y esto ha sucedido no una, sino decenas de veces; o cuando llegan personas del AMBA que no cumplen los 14 días de aislamiento; o aquellos que son contactos estrechos de un paciente positivo y salen a hacer las compras y están en contacto con otras personas porque no tienen síntomas. Cuestiones como estas y similares las han planteado los vecinos, no una, sino en incontables oportunidades y eso es descontrol, por no querer verlo o por no poner una fuerte voluntad para revertirlo más que en palabras que no se condicen con los hechos.-

Así nos encontró el mes de septiembre en la Argentina, a casi 6 meses de iniciada la cuarentena, saturados mentalmente y con un exponencial aumento de casos cuyo techo parece no tener límite y en cuyo contexto el partido de Saladillo presentó la alarmante situación epidemiológica que se plasma en los números de hoy.

Entre que no lograron «meter miedo» y la costumbre de no cumplir las normas (anomia), el «no pasa nada» se adueñó de las calles, de los parques, e hizo previas y fiestas privadas en todos los puntos de la ciudad. Hoy al miedo lo tienen nuestros abuelos, nuestros seres queridos que son pacientes de riesgo y que se cuidaron desde el día 20 de marzo.

Con errores, con aciertos, la función pública no debería ser el ámbito donde se aprenda a costa de los ciudadanos, más allá que muchos repiten una y otra vez que «esto no estaba en los libros». Parece que no sólo en los libros, sino que no está en sus perspectivas la dimensión a la que se pueda llegar, o lo que se deba evitar. Muchas cuestiones no están en los libros, porque a los hechos de la realidad, a la larga, no podemos moldearlos en protocolos ni acomodarlos en discursos bonitos. Simplemente eso.

Graciela E. Achabal, Saladillo, 12 de septiembre de 2020.-

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