La enfermera azuleña Cristina Santillán se encuentra con prisión domiciliaria acusada de asesinar a su marido, el que la sometió a violencia de género durante 40 años.
El final de una historia condicionada mucho menos por el amor que por la sordidez. Santillán y Hernández estuvieron juntos 38 años. Tuvieron tres hijos. La relación que los unió fue una degradación permanente desde el primer día hasta la inexorable y anunciada tragedia: en este caso el victimario fue herido por dos hachazos, luego de haber sido dado de alta y ya hospedado en un hogar de ancianos, murió.
Este viernes estuvieron en Saladillo ofreciendo una conferencia de prensa, Vanina Zurita, secretaria general de ATE y CTA de Azul e integrante de AMLA (Asamblea de Mujeres en Lucha de Azul) , en la que dieron detalles del caso de Cristina Santillán.
Cristina nació el 3 de julio del año 1958. Con solo 14 años conoció a quien iba ser el compañero de toda su vida, con el que tuvo dos hijos y una hija.
Trabajó desde muy joven en diferentes rubros, mientras estudiaba enfermería, cuidaba a sus hijos y realizaba las labores domésticas. Se recibió de enfermera y comenzó a trabajar en el Hospital “Doctor Ángel Pintos”, de la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires.
La relación con su marido estuvo signada por la violencia de una manera permanente. Su salud fue empeorando y su estado emocional también. Devastada, no encontró un sentido o una línea estable para continuar su vida, si bien recurrió a un tratamiento psiquiátrico.
Las golpizas nunca cesaron, y fueron cada vez más violentas. Cristina vivía en una agonía hasta que un día actuó, y por eso se la investiga en la causa por el homicidio de su marido, proceso judicial que en los próximos días tendrá las audiencias de juicio por Jurado por el hecho en el que Cristina fue víctima, por última vez, de las agresiones de su marido Ricardo Orlando Hernández en la madrugada del 16 de septiembre de 2014: «él llegó durante la madrugada e insistió en sacarla abruptamente de la cama, arrastrándola hacia la cocina para que le hiciera algo de comer». Ella se defendió. Él fue trasladado al hospital de Azul y ella a la unidad Penitenciaria.
La fiscal de la causa, Laura Margaretic, cree el crimen no fue consecuencia de los padecimientos que, dice Cristina, sufrió durante casi cuatro décadas de humillación, golpes, insultos, abusos sexuales. En el entorno de Santillán describen la relación como un infierno dantesco. Su marido la penetraba cuando ella no quería, se paseaba con otras mujeres por la ciudad, le robaba el sueldo que cobraba como enfermera de un hospital local, la hacía levantar de madrugada para que le cocinace. Se iba a de vacaciones y la dejaba en la casa.
La hipótesis de Margaretic está centrada en la presunta obsesión que Santillán tenía con su marido, a pesar de que estaban separados de hecho. «Hernández tenía otra mujer, pero ella no lo podía largar. No compartían habitación pero ella no podía aceptar el divorcio y estaba obsesionada. Si no lo mató con los hachazos fue de milagro», contó la fuente. Según Santillán, la denuncia que hizo el hombre sobre ella fue parte de la violencia. «Yo no lo podía creer», comentó ante los peritos psiquiátricos de la causa.
Hernández, de 61 años, estuvo nueve meses con vida y finalmente murió por una bronco aspiración en un geriátrico.
Desde el momento del hecho en 2014 hasta hoy, Cristina se encuentra privada de su libertad. Estuvo un año en una unidad penitenciaria y luego con prisión domiciliaria. Inicialmente la causa fue caratulada como “lesiones graves”, y después del fallecimiento del marido la carátula cambió a “homicidio agravado por el vínculo”.

