La viveza nigeriana: «Yo también soy artesano, ameo».

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Este viernes, sábado y domingo próximo pasado se desarrolló en la Plaza Principal de Saladillo el 18º Encuentro Provincial de artesanos que contó con la presencia de numerosos puestos de Saladillo y de otros tantos que llegaron de otras ciudades. El requisito es precisamente que lo que se ofrece en los puestos es producción artesanal para promover en estas jornadas el trabajo de este sector, pero la sombra de la viveza se materializó con quien puso su puesto de productos para la reventa.-

El buen clima acompaño la propuesta en ambas jornadas y la plaza 25 de Mayo se vio colmada de personas.

Encontramos en facebook una perlita que permite inferir que la viveza no es sólo criolla. Lo expresado por el coordinador y organizador de la Feria Alejandro Zakrzewski así lo puso de manifiesto ante la instalación de un puesto de productos elaborados de un comerciante de origen nigeriano que se encuentra radicado en Saladillo, quien no se vio dispuesto a respetar la ordenanza que regula este tipo de venta y para el cual estaba habilitado el Encuentro.

«Yo también soy artesano, ameo». A continuación el relato de los hechos por Alejandro Zakrzewski :

«El domingo estaba soleado y había bastante gente recorriendo los pocos puestos armados a esa hora de la mañana en la feria.
Ya me habían avisado que estaba ahí y algunos compañeros , acostumbrados a que en otras ciudades la invasión con reventa en los espacios artesanales es una constante,me sugerían como proceder. Pedí que me esperen, que estaba llegando a la plaza y que yo mismo iba a solucionar el inconveniente.
El nigeriano me conoce y yo a el. Vivimos en un pueblo de 20 cuadras a la redonda y a veces es inevitable cruzarnos mas de una vez por dia. No se su nombre y seguro que el tampoco el mio, pero los dos sabemos a que se dedica cada uno. Tenia el puesto armado como si fuera un artesano mas, pero la estrategia de camuflarse no le resulto: era evidente que el color de su piel y su manera de vestirse nada tenían que ver con el común de una feria artesanal y el paño que exhibía mucho menos.
Como anfitrión del evento, me toco a mi tener que decirle que no estaba permitida la reventa, que este era un evento organizado solo para la venta de artesanías y que contamos con una ordenanza municipal que nos permite, solamente esos 3 días, utilizar la plaza para vender nuestros productos. También le explique que los otros 362 días restantes del año podía exponer en esa plaza tranquilamente, que entendíamos que todos necesitamos trabajar pero que por esta vez no iba a ser posible dejarlo participar.
Su mirada me intimido. Me miro con furia, como en esas películas en donde el esclavo enfrenta por fin al maldito blanco opresor dándole su merecido y me dijo con un perfecto argentinismo: «Yo también soy artesano, ameo».

Quizá el que rompe las reglas haya sido uno, y represente numéricamente un porcentual insignificante, pero el gesto de no respetar al otro, de la prepotencia de sostener una situación a sabiendas que no era lo que correspondía, motiva destacar esta conducta para que no se vuelva a repetir.

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