Pases de factura entre Miguel Pesce y Martín Guzmán por el súper cepo cambiario y la extensión del default.-

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Viernes. Casi las cuatro de la tarde. Los directores del Banco Central reciben un correo electrónico con un dato que, después de tantas jornadas tensas, es un alivio justo antes del fin de semana: la mesa de operaciones de la autoridad monetaria había comprado en el mercado nada menos que u$s280 millones en un solo día.

Miguel Angel Pesce, titular del BCRA, le comentó a uno de esos directores que no veía un mercado cambiario tan positivo desde la primera época del gobierno de Cristina Kirchner, cuando la soja se acercaba a valores récord y todavía no había explotado la «guerra con el campo».

Algunas empresas le vendieron al Central más de u$s20 millones durante esa tarde. «Es una excelente señal. Demuestra que las últimas medidas fueron efectivas. Pegamos adonde teníamos que pegar», comentó un exultante Pesce.

A la oferta de divisas por parte de las compañías se le sumó una menor demanda de billetes verdes: la mayoría de los bancos suspendieron las ventas de billetes verdes a sus clientes para analizar y poner la puesta a punto tras las últimas medidas oficiales.

En el BCRA explican que la súper oferta de dólares se debió a que les cerraron la posibilidad de girar divisas al extranjero, que se materializaban como pago de deudas por parte de las grandes multinacionales.

En las últimas semanas se había detectado que ese canal se había transformado en la principal salida de divisas, que desembocaba en una caída de las reservas, y le ponía presión al tipo de cambio oficial, que a su vez obligaba a la mesa del Central a intervenir para defender la cotización.

«Todas las empresas que necesiten importar insumos para producir, de cualquier rama o sector, no tendrá ningún problema ni traba para hacerlo. Es mentira que las vamos a obligar a pagar esas importaciones a través del contado con liqui«, explican desde el Central.

Resistiendo la presión devaluatoria.-

El presidente del Banco Central cree la Argentina no necesita una devaluación: «El tipo de cambio real multilateral no está atrasado. Este año sólo perdimos algunos escalones contra Brasil, pero a ellos no los podemos seguir porque tienen un mercado muy volátil. Si nosotros hacemos lo mismo, nos meteríamos en un problema porque acá todos miran el precio del dólar todos los días. Allá no», argumenta cuando le consultan.

También rechaza la sugerencia que en las últimas horas pronunció Carlos Melconian, uno de los economistas más escuchados en la City. Melconian le había recomendado «acelerar el deslizamiento del tipo de cambio» y aprovechar la actual coyuntura de baja inflación en tiempos de cuarentena.

Pesce lo descarta: «Si aceleramos la devaluación se encarecería la comida. Tendríamos más pobres. Incendiaríamos el país en un contexto de por sí muy complicado».

Antes de entrar en el fin de semana, Pesce le mandó una señal a los agroexportadores, que retrasan la liquidación de divisas. Fueron los primeros que se enteraron de que el Central tuvo récord de compra de dólares durante la tarde del viernes. «Acá no habrá devaluación. No vamos a desestabilizar el país», les mandó a decir.

Para reforzarlo, el BCRA también se puso más activo en el mercado de futuros, confiado en que esta vía también servirá para ponerle un techo a la expectativa de devaluación.

Ahora, el turno de Guzmán.-

Tras el alivio del viernes, y el set de medidas que se pusieron en marcha, en Reconquista 266 miran hacia el Palacio de Hacienda. «Ahora nos tiene que dar una mano (Martín) Guzmán», dicen, en tono de reclamo.

No es la primera vez que los intereses de Pesce y Guzmán se cruzan. Ya había sucedido hace un mes, cuando el presidente del BCRA le reclamó que dejara de pedirle que compre bonos en pesos porque, de esa manera, no hacía más que darle salida a los inversores que buscaban dolarizarse presionando sobre las cotizaciones del «contado con liqui» o el «dólar Bolsa».

Pesce, ahora, quiere que Guzmán se comprometa con la nueva estrategia del Central: habilitar una (momentánea) suba de la tasa de interés, que ayude a desinflar las presiones cambiarias.

La demora para llegar a un acuerdo por la deuda aceleró la pérdida de reservas en mayo. Las nuevas trabas para acceder al mercado cambiario le darán otro golpe a la producción, como si fuera poco con la cuarentena.

Miguel Pesce ensayó una suerte de disculpa el día después de haber endurecido el cepo cambiario hasta el límite. Le dijo a una agencia internacional que las restricciones se suavizarían una vez que el Gobierno termine la negociación con los acreedores. Le trasladó así la responsabilidad a Martín Guzmán. Un público pase de factura al ministro de Economía, que desde el 10 de diciembre viene dando vuelta con la renegociación de la deuda, cayó en default y ahora definiría la tercera prórroga para cerrar el canje, ante las dificultades para llegar a un acuerdo definitivo con los bonistas.

El presidente del Banco Central tuvo la “delicadeza” de no meterse con los USD 200 mensuales que pueden comprar los ahorristas para atesoramiento, aunque limitó el universo a quienes no hayan operado “dólar Bolsa” en los últimos noventa días. Hubiese sido una medida muy difícil de digerir para la clase media que además viene golpeada por los efectos de la cuarentena en la producción y el comercio.

Sin embargo, las nuevas restricciones del cepo afectan particularmente a las importaciones. Desde el campo hicieron oír las primeras quejas. El sector liquida al tipo de cambio oficial de $70, pero que termina siendo $50 por efecto de las retenciones. Y debe comprar insumos que ahora dejarán de estar relacionados al dólar Banco Nación, sino que probablemente ajustarán al dólar financiero, arriba de los $110.

 El dólar a $ 70 pasó a ser “testimonial”. Su acceso quedó reservado para muy pocos. Pero Miguel Pesce no quiere sincerar el tipo de cambio hasta que no se termine de arreglar la negociación de la deuda

Como si fuera poco con los efectos de la cuarentena, estas nuevas restricciones cambiarias generarán otro importante golpe a la producción que volverá más difícil la salida de la crisis.

La película ya es conocida. El cepo cambiario, provoca un aumento de la brecha cambiaria, lleva a más restricciones a medida que avancen los meses y es lo que pasó. Ahora afectando a los importadores, pero lo que es más grave al ingreso de insumos para las empresas. Desde el BCRA aseguran que se trata de una medida que apunta exclusivamente a evitar que las empresas apuren importaciones para aprovechar el tipo de cambio barato. Pero en realidad todas las operaciones entrarán ahora en un gran embudo, similar a las DJAI que estuvieron vigentes entre 2012 al 2015. Y otro clásico: la discrecionalidad, el “dedo” del Estado para definir quiénes sí están autorizados para comprar por el oficial y quienes deberán conseguir los dólares por otras ventanillas, mucho más caras.

El paso del tiempo fue además “perfeccionando” el cepo. A tal punto que ahora también incluye los pagos de deuda al exterior. Aquellas empresas que se hayan dolarizado a través del mercado bursátil (por ejemplo a través del “contado con liquidación”) tendrán que vender primero esos activos para pagar deuda en dólares. Es decir ya no podrán recurrir a las reservas del BCRA.

El ministro de Economía argentino, Martín Guzmán, muestra un gráfico durante una entrevista con Reuters en Buenos Aires., Argentina. Foto de archivo 11 mar 2020. REUTERS/Agustin Marcarian
El ministro de Economía argentino, Martín Guzmán, muestra un gráfico durante una entrevista con Reuters en Buenos Aires., Argentina. Foto de archivo 11 mar 2020. REUTERS/Agustin Marcarian

 Las nuevas restricciones a las importaciones generarán más problemas a la producción, que se agregan a los propios de la cuarentena. El campo puso el grito en el cielo: debe liquidar las divisas a $ 50 (dólar oficial menos retenciones) y deberá comprar insumos a $ 110, el precio del dólar financiero

Estas medidas reflejan la escasez de dólares que sufre el Central, que no para de vender desde Semana Santa. Desde entonces vendió casi USD 1.500 millones de sus reservas para evitar un salto del tipo de cambio.

Con la tercera parte se hubiera evitado el default y negociar desde otro lugar con los acreedores. Posiblemente hubiera sido mucho más barato arreglar que seguir pateando el acuerdo. En el medio se pagaron USD 4.000 millones de la deuda, el BCRA tuvo que vender reservas para equilibrar el mercado y los depósitos en dólares cayeron más de 1.000 millones.

Un informe del economista Fernando Marul describe en forma contundente cómo se llegó al cepo recargado: “En mayo, el agro mejora la liquidación a USD 2000 millones, que igual cae 30% interanual. Pero simultáneamente el BCRA en mayo terminó vendiendo cerca de USD 1000 millones en el mercado spot (y a su vez USD 2.000 millones en el mercado de futuros), por lo que el faltante de mayo fue de USD 3000 millones. Esto explica el mayor cepo a importadores, como veníamos advirtiendo. Es una situación insostenible. Esperamos más controles y el candidato es el dólar ahorro”.

Nada asegura, sin embargo, que llegar a un acuerdo por la deuda revierta la caída de reservas o permita de la noche a la mañana suavizar los controles cambiarios. Pero no hay duda que ayudaría para reducir el clima de desconfianza de los inversores.

 La última oferta de Martín Guzmán se acercó a lo que quieren los bonistas pero aún falta para el acuerdo final y se definirá una nueva prórroga a principios de esta semana. Si se alargan mucho las negociaciones sería negativo, ante el peligro que empiecen los juicios de los bonistas más combativos

Guzmán aseguró esta semana que ya está trabajando con su equipo en el proyecto de Presupuesto 2021 y el escenario económico post-pandemia. Allí estarán las claves para impulsar de verdad un repunte de la actividad. Un informe del banco Barclays asegura que la Argentina caería este año más de 8% pero que el año que viene rebotaría arriba del 9%. Para que se dé semejante “milagro” habrá que despejar el escenario de la deuda en primer lugar, pero también avanzar con un verdadero plan económico que siente las bases para volver a captar inversiones, tanto locales como del exterior.

En un grupo de chat empresario, uno de los banqueros más encumbrados de la Argentina buscaba señales optimistas hacia el futuro. “No hay vencimientos de deuda durante todo este gobierno y casi todo el próximo. Es más fácil que nunca negociar con los sindicatos y el dólar real está otra vez en valores máximos, así que ya se hizo un gran ajuste. La foto que queda después de arreglar con los bonistas es muy buena, el tema es aprovecharlo”. Es la mirada del “vaso medio lleno” que invita a no bajar los brazos y dejar en un segundo plano los problemas económicos que vienen de arrastre y las dudas sobre las intenciones de la coalición política gobernante.

La resolución de la deuda tendrá que seguir esperando algunos días o quizás semanas. Pero las posiciones entre acreedores y el Gobierno se acercan cada vez más. La nueva oferta de Guzmán mejoró en forma significativa la anterior, pero todavía no llegó a lo que demandan los bonistas. Los tiempos se vuelven muy relevantes. Si las negociaciones se extienden la amenaza de los fondos es que se “acelere” la deuda y se avance a la declaración de un default total. Sería el peor escenario y extendería innecesariamente las negociaciones, pero ya con parte de los bonos en litigio. Ya no es Guzmán, sino una decisión política que deberá adoptarse al máximo nivel.

Desde el BCRA plantean que el ministro concrete una mega emisión de letras en pesos a una tasa que vaya en línea con el último retoque impuesto por la autoridad monetaria.

A partir del lunes, los bancos estarán obligados a ofrecer un rendimiento del 30,02% para todos los plazos fijos (mayoristas y minoristas), que corresponde a una tasa efectiva anual del 35 por ciento. Pesce quiere que este sea, al menos, el rendimiento que Economía les asegure a los inversores.

Un director del BCRA escuchó la queja a viva voz del jefe del Central: «Guzmán me tiene que ayudar. Si no, el único que carga con la responsabilidad de lo que pase en el mercado soy yo».

«Espero que la semana que viene se acople y me ayude», cerró.

El banquero central supone que la semana que viene será clave para el futuro de la economía. habla de un verdadero test de las últimas medidas tomadas en el mercado cambiario. Y, obviamente, en relación a la definición de las negociaciones con los acreedores por la deuda.

Sobre el endurecimiento del «cepo» habrá un exhaustivo control sobre las multinacionales que quieran girar divisas al exterior. En el BCRA admiten que existe una fuerte presión de parte de las casas matrices. «Creen que están comprando dólares baratos. Creen, pero no es así. No vamos a devaluar», insisten cerca de Pesce.

En el Directorio del Central sienten que están en medio de una pulseada con los grandes jugadores del mercado (tanto con empresas internacionales como con inversores financieros, desde fondos globales pero también compañías de seguros). «Hay una presión muy fuerte», admiten.

Sin embargo, hay confianza de que las últimas medidas marcarán un cambio de escenario en el mercado cambiario. Obviamente, siempre y cuando el Gobierno termine por cerrar un acuerdo con los bonistas internacionales.

«Si la noticia fuera que cayó la cosecha de trigo, yo estaría muy preocupado. Pero la cosecha es récord. Los chacareros tomaron esa decisión con un dólar competitivo, parecido al que tenemos. Quiere decir que cuando vean que no habrá devaluación van a apurar las liquidaciones«, escuchó un interlocutor de Pesce en las últimas horas.

Ese mismo funcionario, con confianza con el presidente del BCRA, se atrevió a la consulta política-personal:

  • ¿Tenés espalda política para poner al resto del Gobierno de tu lado?
  • Me bancan muy fuerte el Presidente, que me conoce desde hace tantos años, y también la Vicepresidenta. ¿Sabes por qué? Porque yo vengo teniendo razón.


Fuente: con información publicada por Claudio Zlotnik para iprofesional.com y por Pablo Wende para Infobae.-

Foto de portada: en la imagen una mujer camina frente al Banco Central el pasado 22 de mayo del 2020 en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

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