Gerson Machado, un joven brasileño de 19 años con diagnóstico de esquizofrenia, falleció tras ingresar a la jaula de una leona en un zoológico de João Pessoa. Su acción —escalar un muro de seis metros para entrar al recinto— se analiza hoy como el resultado de una condición de salud mental severa y de una ausencia evidente de apoyos adecuados.
Lejos de tratarse de un simple “incidente”, «aventura desafiante» o de un acto voluntario desconectado de su realidad clínica, el caso expone la profunda vulnerabilidad de un joven que transitaba una enfermedad compleja, con dificultades en su percepción del riesgo y una fuerte fijación con los felinos, rasgo reiterado en su historia personal. Su sueño de ser domador en África, su fascinación por estos animales y la insuficiente o inexistente contención terapéutica integral muestran un cuadro que no fue plenamente comprendido ni acompañado por los sistemas que debieron protegerlo.
Machado también tenía antecedentes de otras desregulaciones que lo expusieron a tener conflictos con el marco normativo, un factor que suele aparecer cuando las personas con padecimientos mentales atravesados por la desatención institucional quedan sin redes de apoyo, sin comprensión del contexto y sin seguimiento adecuado.
La leona involucrada actuó bajo un instinto de defensa propio de su especie. Se encuentra bajo observación veterinaria debido al estrés que sufrió durante el episodio. Las autoridades confirmaron que no será sacrificada.
Este hecho, más que un suceso aislado, vuelve a poner en evidencia la urgente necesidad de políticas de salud mental accesibles, continuas y comunitarias, que permitan detectar riesgos, intervenir a tiempo y brindar verdadero acompañamiento a las personas en situación de vulnerabilidad psíquica.

