Si bien era una medida que los infectólogos recomendaban rigurosamente a principios de la pandemia, ahora muchos lo desestiman. La opinión de los especialistas
ientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó ayer sobre la posibilidad de contagio de coronavirus por contacto con superficies contaminadas, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) indica desde octubre que “no se cree” que ésta sea una vía “común” de propagación del virus.
Ante tantas contradicciones e informaciones cruzadas la pregunta resulta inevitable: ¿debemos o no seguir limpiando las superficies y las bolsas que traemos del supermercado? Para el biólogo Emanuel Goldman, profesor de la Universidad de Rutgers (New Jersey, Estados Unidos), lo que se debe limpiar es “poco o nada”, dado que “sólo dos o tres posibles casos en la literatura científica, pero ni siquiera estos están probados”, demuestran la contaminación de las superficies.
Ya en julio de 2020, Goldman escribió un artículo en la revista científica británica The Lancet en el que alertaba que “se ha asumido un riesgo clínicamente significativo de transmisión del SARS-CoV-2 por fómites (superficies u objetos inanimados) sobre la base de estudios que tienen poca semejanza con escenarios de la vida real”.
En esta nota, realizaba una revisión de los estudios que habían arrojado que el virus podía sobrevivir dos y hasta seis días en algunas superficies, lo que para el especialista, era producto de dos factores: un inóculo de virus muy elevado y condiciones especiales de laboratorio para su conservación. “No estoy discutiendo los hallazgos de estos estudios, solo la aplicabilidad a la vida real”, indicaba.
“Encontrar el ARN del virus suele equivaler a encontrar el cadáver del virus. Es lo que deja el virus después de ‘morir’. Lo único que significa es que el virus estuvo allí una vez, pero ya no está ‘vivo’ (con capacidad de infectar). Este es un virus frágil que muere rápidamente en el medio ambiente y cuando se seca. La luz solar lo mata casi de inmediato. Prácticamente todas las pruebas para virus vivos (con capacidad infectiva) cuando se encontró ARN viral han sido negativas”, explicó Goldman.
La viróloga argentina Sandra Cordo, investigadora del Conicet, sostiene por su parte que “existe numerosa evidencia de la presencia (y persistencia por muchas horas) de genoma viral en superficies de diversa índole (como cartón y aluminio) en situaciones experimentales (condiciones simuladas en laboratorios), pero no existen datos originados de situaciones reales de contagio”.
No obstante, Cordo -quien trabaja en el laboratorio de Virología (IQUIBICEN-Conicet) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- sostuvo que “esto no implica que podamos descartar el contagio por la vía de fómites pero tampoco podemos saber con certeza cuántos de los contagios en la vida real se deben a esta vía de transmisión”
“La posibilidad de contagio por vía de la superficies se da cuando en ésta se encuentra depositado virus infeccioso y la persona se lleva la mano a la cara, nariz u ojos; hay estudios de esto en laboratorio pero no hay documentados casos de la vida real que nos permitan decir tiempos o condiciones específicas para que eso suceda”. Además, la especialista, que es miembro de la Sociedad Argentina de Virología (SAV), recordó que “hay un dato sobre la transmisión de SARSCoV-2 que aún no se ha establecido y es la dosis infectiva; es decir la mínima cantidad de virus necesario (tanto en una superficie como en un aerosol) para que una persona se infecte» explicó Cordo.
En relación a la desinfección de los objetos, Corda sostuvo que “no desaconsejaría cualquier medida de limpieza porque en realidad es bueno que la gente se haya dado cuenta de que las cosas del supermercado pueden traer cualquier tipo de enfermedad ya que no sabemos donde han sido guardadas y quien las ha tocado (por ejemplo ratas)”.
Sobre esta cuestión, de la que nadie parece tener una verdad absoluta, la OMS parece más drástica y este viernes 5 de febrero aseguró en su página: “el virus se puede propagar a través de pequeñas partículas líquidas expulsadas por una persona infectada a través de la boca o la nariz al toser, estornudar, hablar, cantar o resoplar. Esas partículas líquidas tienen diferentes tamaños, desde las más grandes ‘gotículas respiratorias’ hasta las más pequeñas, llamadas ‘aerosoles’”.
Fuente: eldia.com

