Juan Carlos Woldryk | A 4 años de su desaparición, ni un sólo rastro.-
La denuncia por su desaparición fue realizada por sus empleadores, de apellido Biscardi, propietarios de la cabaña “El Rincón”, en Bolívar, cerca de las 16 horas del 30 de marzo de 2022. Hacía apenas unas horas que había sido visto por última vez, alrededor del mediodía, en el casco del establecimiento, luego de almorzar.
En esos días, el campo estaba anegado. El agua llegaba a pocos metros de la vivienda. Se trata de una zona baja del partido de Bolívar, con caminos de acceso cortados y campos linderos —sembrados con maíz y otros cereales— completamente inundados.
Desde entonces, no hubo rastros. No se registraron movimientos, ni comunicaciones, ni indicios concretos sobre lo ocurrido.
Sus padres, de edad avanzada, no volvieron a tener contacto con él. Un dato relevante, considerando que mantenía comunicación frecuente con su familia, especialmente con su madre. Un vínculo sagrado para Juan.
La hipótesis que lo vinculó a un caso de sextorsión protagonizado por dos hombres privados de su libertad por otros delitos en el penal de San Nicolás, terminó funcionando como un desvío de la investigación: no aportó ningún dato concreto sobre qué ocurrió con Juan Carlos Woldryk. Hoy, uno de los implicados ya fue condenado mediante juicio abreviado, mientras que el restante —detenido por otros delitos— se encuentra a la espera de la misma resolución, junto a una tercera persona involucrada.
¿Hasta dónde puede llegar un trabajador rural, en alpargatas, con el agua arriba de las rodillas y a kilómetros de la ruta más cercana? Sin documentos, sin sus cigarrillos, sin teléfono.
Las primeras versiones de la investigación hablaban de que se había ido “asustado” y se había ido por sus propios medios. Entinces no se lo buscaba. Después, que se había quitado la vida. Una hipótesis sin cuerpo, sin rastros, sin elementos que la sostengan.
Nada cierra.
A cuatro años, el caso sigue sin respuestas, sin Justicia.-

