Tras el incendio que destapó las condiciones de abandono en el hogar de tránsito clandestino de barrio Nuevo Horizonte, los vecinos no tardaron en movilizarse. Ollas de guiso, pan y comida casera empezaron a llegar para los adultos mayores que habían quedado afuera del establecimiento, a la espera de una solución.
Natalia, una vecina del barrio, fue una de las primeras en acercarse. «Estaba mirando el noticiero y le trajimos un poco. Me quedé corta, así que mandé a mi nene a buscar más», contó, mientras repartía guiso entre los abuelos.
Una muestra de solidaridad espontánea, en medio de una historia marcada por el desamparo: los residentes habían denunciado hasta cuatro días sin comer y uno de ellos, Luis César Arriola, de 80 años, llegó a decir: «Me tienen secuestrado».
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